Los equipos de campeonato de la NBA tienen algo en común: juegan con un objetivo en la mente. Cada jugador aporta sus propios talentos y esfuerzos para que pueda alcanzarse el mayor objetivo: ganar. Pero los jugadores que buscan su propia gloria a costa del sacrificio del equipo, alejan al equipo de poder lograr el éxito. Así ocurre con la vida. El objetivo no es nuestra propia gloria; de hecho, intentar hacer que la vida se trate solo de nosotros empuja la felicidad más lejos de nuestro alcance.
Nuestra sociedad no está preparada o predispuesta para pensar de esa manera. Ahí fuera hay un mundo "centrado en el yo", que destruye mucho de lo que debería ser bueno. Los matrimonios se destruyen porque una o ambas partes están centradas en su propia felicidad. Los hombres y las mujeres exitosas son arruinados por su propio éxito, creyendo que no necesitan de la aportación de nadie más. Y para algunos, los problemas de la vida se ven magnificados porque creen que la vida se trata de ellos.
La Biblia está llena de hombre y mujeres que lucharon contra el pensamiento centrado en el "yo", así que nuestra generación no está sola. Si aprendiésemos de ellos, podríamos vivir en libertad; seríamos capaces de disfrutar nuestros éxitos sin llevarnos el mérito, como el rey David. Podríamos llevar bien los problemas confiando en Dios, como Job. Al dejar a un lado nuestras propias agendas, horarios y planes - como Moisés hizo finalmente-, descubriríamos que los planes de Dios son increíbles. Al fina, un estilo de vida "centrado en Dios" nos libraría para vivir la vida al máximo.
-No se trata de mi
"Y bueno, café negro endulzado con stivia y dos piezas de pan con mermelada"- Dijo la nutriologa.
-Abbie